domingo, 11 de julio de 2010

La fórmula secreta

Mendoza es una ciudad de cartón, con gente acartonada, rayada, cuadriculada, estructurada, parametrada. Si decís que te gusta alguien, te peguntan si estás con esa persona, si decís que amas a alguien preguntan si es tu novio. Si quieren mirar, dan la espalda, si quieren tocar se alejan, si quieren saborear cierran los labios.

Por años escuché decir a muchos amigos acerca de todas las chicas que habían conquistado y a varias amigas hablar sobre los secretos del amor. Después de muchos amores, desengaños agarres, revuelcos, aventuras y desventuras aprendí que la mitad de la vida de muchos es mentira.

Un amigo contaba que tenía tres chicas a la semana y que otra estaba a la velocidad de un mensaje de texto. Un fin de semana en una de esas noches de locura, tras su supuesta ex, me di cuenta que él también se enamoraba. Que también lloraba. Que además anhelaba lo que nunca tuvo. Amor sincero. La vio pasar y no pudo decirle ni una palabra. Ella miró su celular para no verlo. Él se fue caminando triste por las calles de la extravagante y soberbia 5ta sección, sabiendo que no debió jugar esa mano. Ella era la chica.

Una amiga parecía tener todas las respuestas del amor. Siempre sabía cómo, cuándo y dónde levantarse a un chico sin salir lastimada. Antes que un hombre intentara algo con ella, estaba poniéndole la mano en la cara y burlándose de su estúpida forma de querer conquistarla. Se comía los hombres como rocklets, hasta que hubo uno que no pudo pasar. Que amó, odió y volvió a amar. El llegó cuando ella lo dejaba y se fue cuando quiso que nunca se vaya.

Siempre busqué el secreto del amor cada vez que hice el amor. Siempre busqué aquel secreto solo conocido por los conquistadores y las manipuladoras. Escuché con atención las charlas entre mujeres y espié los movimientos de los hombres. Vi mil películas románticas para descifrar. Escuché millones de canciones para identificarme con la ignorancia de otros enamorados.

Ahora sentada frente a él, sé que soy ágil ante los desprecios masculinos. Sagaz ante las preguntas de un hombre. Fuerte ante los embates de un malicioso varón. Inteligente ante los disparates intelectuales de una fémina. Blindada ante las puñadas de los hombres. ¿Saben cuál es el secreto? Encontrar el amor de tu vida. ¿Cómo lo encontrás? Cayendo, parándote, cayendo. Parándote y cayendo hasta que él caiga contigo. Se levante contigo. Ame contigo. En ese instante sabrás que lo sabés todo.